Antecedentes


El ejercicio de la arquitectura, como uno de los oficios más antiguos y de clara responsabilidad social, ha estado sujeto a diferentes mecanismos culturales de control y valoración a través de la historia. Durante los primeros años de lo que fue la Audiencia de Charcas, génesis de lo que actualmente es el Estado Plurinacional de Bolivia, los arquitectos compartían con los obreros, canteros, albañiles, constructores e ingenieros la responsabilidad de diseñar y levantar el equipamiento y la infraestructura necesarias para que la sociedad virreinal desarrolle sus actividades, sea en las ciudades, villas o el campo. Mientras la administración se volvía más compleja y las edificaciones demandaban mayor experticia técnica, los arquitectos e ingenieros fueron ganando privilegios, dejando al albañil la responsabilidad de la ejecución de las obras, mientras el arquitecto era encargado del diseño o trazo, así como de la dirección y la supervisión, especialmente de las edificaciones de mayor envergadura e importancia. Ordenanzas Reales y otras normas de menor jerarquía establecían los mecanismos de control, las responsabilidades y en algunos casos, definían los criterios y procedimientos para tomar exámenes y verificar el grado de conocimiento de quienes querían ser reconocidos como “maestros” del oficio.  Al margen de ello, la tradición hispánica se mantuvo como referente central para el desempeño de los arquitectos, mientras el mismo concepto cambiaba siglo a siglo, acompañando y ajustándose a la experiencia y expectativas de cada comunidad.

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