Siglo XIX


La instauración de la República mantuvo durante los primeros años esos criterios, relativamente abiertos y no poco confusos, en donde los términos virreinales de aprendiz, oficial, maestro, alarife y maestro mayor, continuaron utilizándose como sinónimo de arquitecto, incluso de ingeniero. Ello habría de ir cambiando, mientras el Estado se organizaba e instituía sus propios mecanismos de control, entre ellos, la otorgación del Título de Arquitecto por parte de la presidencia de la República.
El más antiguo antecedente documentado data de 1837, cuando Andrés de Santa Cruz le otorga el Título de Arquitecto a José Núñez del Prado, quien trabajaba con el  ingeniero francés Felipe Bertrés. Años después, durante el gobierno de José Ballivián, se crea la Escuela Civil Militar en 1842, dependiente del Colegio de Ciencias. Estuvo a cargo de Bertrés y del mismo Núñez del Prado, y los primeros exámenes se tomaron en junio de 1843.
Posiblemente la salida de Bertrés y su regreso definitivo a Argentina, terminó provocando el cierre de esa Escuela y no se conoce de nuevos exámenes. Debió reconocerse como importante restituirla pues en 1872, el gobierno del Presidente Morales contrata en Chile al arquitecto español José Fernán Caballero para que la reinstale, mediante Decreto, con el nombre de “Escuela Nacional de Arquitectura”. Caballero publicó ese mismo año en La Paz un “Tratado Completo de Arquitectura” que debió servir de guía para los aspirantes a merecer el título de “arquitecto”. En resumen, el Estado asumió el control del ejercicio profesional del arquitecto o al menos lo intentó.

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